
El mundo se convierte en llamas
y me inquieta el destino que reza,
pero al instante todo se calma,
vienen la calma y besos de fresa.
Cuando tus azaleas me abrazan
y el dulce olor de tu cuello llega,
la noche salvaje se vuelve de cera
y el mar bravo se resfría y canta.
Y de las cenizas resurge la paz
que me sumerge en tu arena,
y el monstruoso animal fugaz
te adora imbuido en tus piernas.