Tus caricias son
como latidos, amor,
un taladro en mí,
cuando lates así.
¡Tonto, estúpido!
Es sólo un corazón
sabiéndose loco
y bien querido.
Pero no es uno,
sino que son dos
con sus caricias,
con sus latidos.
Y los besos largos, suaves,
en habitaciones sin esquinas,
en camas frías sin fin.
Y las palabras con sangre,
como sangran mis retinas
cuando no te oigo aquí.
Déjame que te sienta,
sin importar la radio,
si sin bajar el volumen
escuchamos nuestros latidos.
Déjame que te sienta,
ese olor de melón lacio
tan suave como perfume,
al son de nuestros latidos.
Y los besos largos, suaves,
y las palabras con sangre,
y las caricias, y latidos, amor,
siempre junto contigo, corazón.