Estado febril, antiaxiomático,
en un andar extraño, asmático.
Con la cabeza por otro mundo,
feliz y cansada y sin trucos.
Así la acera se desplazaba
hacia detrás por cada pisada,
con las baldosas desquebrajándose
entre cien mil gatos lamentándose.
Estado febril, multiaromático,
con un sonido transgresor, tántrico.
Con mis ideas en la caverna
cegadas por esa luz de fuera.
Así es como la acera se para
y tan inerte la cruzo en aras
de saber que estarás detrás de ella.
Saber que estarás dulce, luz bella.
Y en esta habitación blanca
con, (sí) las cortinas negras,
mi aburrimiento y dolor
se acaban cuando tú llegas.