Viajaba el pobre Cervantes
con su mano dormidita;
y su buen cerebro ardía.
¿Dónde estaban todos esos
valerosos caballeros
de los que hablaba su padre?
Ahora necesitaba
(pues a cárcel dos viajaban)
al temible gran hidalgo.
Si viniese con el mar
y mil galeras armadas
los turcos verían palos.
Se propuso ser héroe,
y aunque mil dolores cobre
sería el gran Cervantes.