Maldita valeriana,
¿qué hiciste a mis pupilas?
No me entero de nada
y noto como esquiva
la sabia coherencia
al pensamiento necio.
Maldita mi paciencia
controlando mis nervios.
Verdades como puños
atraviesan mi mente.
Destrozarán tu yugo,
gran amigo demente.
La verdad no es verdad
a través de mis ojos.
El látigo te castra,
te deja solo, solo.